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Cuartel tercero
: sobre el mar, cueva con sol de oro en su centro y fondo de azur.

CUEVA BONITA

 

Conocida antiguamente como cueva de Candelaria quizás por la proximidad del prois de este mismo nombre, aunque desde muy antaño también se le conocía como Cueva Bonita. No existen muchos datos escritos, quizás por lo inaccesible, ya que solo se puede acceder a la misma por mar. Juan Bautista Lorenzo Rodríguez hace una mención bastante amplia en sus «Noticias para la Historia de La Palma», ya en esa época causaba impresión al que la visitaba. De este autor transcribimos lo siguiente: «Después de estar dentro de esta cueva no sabe el viajero que admirar mas, si la bóveda que la cubre, jaspeada de azul, blanco y verde como si fuese de mármol exquisito y pulimentada por la mana de hábil artista, 0 si el fondo claro de la misma, en donde se ven correr de un lado para otro multitud de pececillos que recrean el animo y la vista».

 

También dice este autor: «Esta repetida cueva tiene dos grandes bocas por donde constantemente entra y sale el mar que, en su interior, se hace muy bonancible. Una de dichas bocas mira al norte y mide 14 varas de ancho, y la otra, que da al poniente, mide asimismo 20 varas castellanas. El interior de la expresada cueva es de grandes dimensiones, puesto que tiene 123 varas castellanas de profundidad, 100 de ancho y 12 de elevación; asi es que tanto por una boca como por la otra pueden entrar y acogerse allí con toda comodidad cualquiera de los candray que hacen la travesía entre Tazacorte y La Gomera, si se atiende también a que la profundidad del mar en el mismo centro de la cueva es de 12 y 1/2 varas que, con 12 que según dijimos cuenta de la superficie del mar al techo, hacen 24 varas de elevación».

cueva_bonita.jpgPor sus características ha sido calificada por especialistas, como única. Artistas de la talla de Cesar Manrique y Pepe Dámaso la denominaron como «La capilla Sixtina del arte moderno» y «Habitación del Atlántico», y no es de extrañar estas calificaciones sobretodo si se visita al atardecer, cuando la luz se refleja en sus aguas, donde el espectáculo es grandioso al observar los cambios de cientos de colores que van cambiando paulatinamente en el techo, donde en caprichosos dibujos naturales esculpidos en la piedra van formando figuras y formas.

El atractivo turístico y científico es importante. Va en el estudio base para el proyecto de Planificación y Promoción Turística del Excmo. Cabildo Insular de La Palma de 1968, se Ie calificaba como un lugar eminentemente turístico. Por eso es de extrañar que no fuese incluida en los espacios a proteger cuando fue promulgada la Ley de Espacios Naturales de Canarias, cuando el Barranco Jurado que desemboca en sus proximidades, si lo fue. Está iniciado el expediente para lograr su conservación, bien como paraje natural o monumento natural.

 

 

La vieja y ancestral tradición oral de los habitantes de esta parte de la isla, cuentan que durante el siglo XVII, en las incursiones berberiscas y musulmanas a la isla, muchos pescadores salvaron su vida gracias a esta cueva, ya que entraban por un lado y salían por el otro, mientras los piratas, no conociendo la existencia de dicha cueva, esperaban que saliesen por donde habían entrada. Muy desencaminada no debe estar esta tradici6n, cuando en las proximidades de esta cueva, viniendo de Tazacorte, existe un saliente que recibe el nombre de Punta del Moro.

 

Por todas esta razones y por la belleza natural que tanto el entorno como la misma cueva entraría, entendemos que debe figurar como uno de los emblemas de nuestro escudo heráldico para que siga siendo admirada por generaciones venideras; para que todos conozcan sus valores legendarios que a la postre forman parte de la rica herencia ancestral del acervo hist6rico de un pueblo que se resiste a perder parte de sus huellas de identidad.

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