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Senderos

  Hoy en día se nos hace difícil concebir las comunicaciones sin un medio de transporte tan cotidiano como es el coche. Pero lo cierto es que no Senderoshace tantas décadas que tales artilugios llegaron a nuestra comarca. Antes de la existencia de la carretera general, y aún duran- te algunos años más, los caminos y senderos que cruzaban nuestra accidentada orografía eran las principales y únicas vías de comuni- cación entre los distintos barrios del municipio y con el exterior. Eran tiempos en los que la vida se realizaba andando, en pleno y total contacto con la naturaleza; ese mismo contacto que, ahora por puro placer, buscan los amantes de los rincones únicos y los momentos auténticos que visitan nuestra tierra.

  Al igual que actualmente sucede con las carreteras, también entre los caminos existía un orden jerárquico, en función de la importancia de la vía y la calidad de su confección. Nada tenía que ver el Camino Real que comunicaba toda la comarca de norte a sur con el camino que desde La Cruz del Llano en El Jesús conducía a la crestería, en lo alto de la cumbre. Tampoco tenía la misma amplitud y condiciones el camino real a todo lo largo de su trazado, más ancho y armonioso en la colocación de las lajas que lo pavimentaban a su paso por los caseríos más importantes del municipio. Vemos, por tanto, que la heterogeneidad es una de las claves definitorias de este ancestral sistema de vías de comunicación. Ancestral, ya que muchas de estas vías venían siendo usadas ya desde tiempos prehispánicos, como lo demuestra la existencia de numerosos yacimientos aborígenes a lo largo del trazado de las mismas.

  Su disposición y recorrido suele responder a diversos criterios, pero nunca, por enrevesado que pudiera parecer, es fruto de la improvisación ni la Senderoscasualidad. Entre estos criterios hallamos, como no podía ser de otra manera, el lógico deseo de trasladarse de un punto a otro. Por simple y evidente que pueda parecer este criterio no deja de tener su razón de ser, ya que si no media ninguna otra finalidad, el trazado tratará de ser lo más directo posible, salvando eso sí los distintos accidentes geográficos existentes. Esta es la razón de que, en ocasiones, si no la mayoría de las veces, en el caso de los caminos de nuestra isla, la línea recta no siempre es la distancia más corta entre dos puntos. Pudiera ocurrir que además de buscar el desplazamiento de un punto a otro se busque tener al alcance del caminante algún lugar donde hacer acopio de agua o al menos poder saciar la sed.Muchas veces nos encontramos con que el trazado de muchos senderos está fuertemente condicionado por el factor del agua, jalonando el recorrido fuentes, rezumaderos o pozas en los fondos de los barrancos. Algunos caminos, en especial aquellos relacionados con el desplazamiento en vertical de los rebaños de cabras, vinculados con el aprovechamiento estacional de los pastos, buscan expresamente incorporar en sus trazados el paso por lugares desde los que poder tener un buen control visual (“paraderos”), básico en el desempeño de la actividad pastoril, o desde donde poder comunicarse en la distancia a través de gritos o silbidos (“escuchaderos”). También condiciona el trazado del camino el tipo de uso que se le pretenda dar. Un camino para acceder con las cabras a las zonas de pasto en la cumbre no necesita el mismo ancho ni tiene la misma regularidad que otro por el que transitan bueyes o mulas. Otra prueba más de la antigüedad de muchos trazados es que ya en los primeros documentos referidos a la compra o traspaso de propiedades se hace alusión a los caminos como puntos de delimitación de fincas y parcelas, situándose estos caminos, preferentemente, en los linderos entre propiedades.

  Caminar por los senderos de Tijarafe es una buena forma de entrar en contacto directo con la esencia de la vida rural, fruto de la interacción del Senderoshombre con un medio natural que lo impregna todo. Los caminos que recorren la costa nos trasladan a los dominios de los cardones, tabaibas y, en general, todas aquellas plantas resistentes a largos periodos de sequía. Estos senderos son los que comunicaban los núcleos habitados con los escasos embarcaderos que jalonan una costa abrupta y acantilada, pero no exenta de una belleza salvaje y sobrecogedora. Los caminos de medianías eran las vías más transitadas por los vecinos del municipio y por aquellos que se trasladaban a lo largo de la comarca. Estos caminos atraviesan las laderas llenas de huertas de almendros, papas, millo, algún que otro frutal y, sobre todo, cereales como el trigo y la cebada. Son estos unos recorridos de especial interés etnográfico y arquitectónico tradicional. Casas de piedra, pajeros, eras, molinos, hornos de teja, etc. son un buen ejemplo de ello. Finalmente, varios senderos ascienden hacia la cumbre por pendientes cada vez más acusadas atravesando pinares vetustos y densos, sólo interrumpidos por alguna profunda barranquera. Estos senderos estaban directamente ligados a la explotación forestal: la saca de madera, el aprovechamiento de los pastos, del pinillo, de alguna que otra cantera de piedra, etc.. Estos caminos servían también para enlazar con la senda de la crestería que, rodeando toda la isla por su parte más alta, facilitaba las comunicaciones con el otro lado de la isla. El tramo de esta senda de la crestería que atraviesa Tijarafe cuenta con infinidad de miradores naturales desde los que poder contemplar desde lo alto y en todo su esplendor la hermosura de la Caldera de Taburiente, así como de toda la comarca Tijarafera.

  En resumen, naturaleza, historia y tradición son los tres presentes que los senderos de Tijarafe guardan celosamente para ofrecerlos, como valioso tesoro, a todo aquel que se anime a recorrerlos.

 

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