Caldera de Jieque

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Caldera de Jieque

Situada en la cabecera del Barranco del Jurado, la Caldera de Jieque es un bello paraje natural poco conocido por los turistas que visitan Tijarafe e incluso por los propios tijaraferos. Se podría definir como una pequeña reproducción a escala de su hermana mayor la Caldera de Taburiente, con sus espectaculares laderas que parecen cortadas a cuchillo. La Caldera de Jieque mide aproximadamente un kilómetro y medio de diámetro y se halla enmarcada por el propio borde de la Caldera de Taburiente al fondo, por las estribaciones de la meseta del Llano de las Mosqueras al norte y La Somada Alta al sur, estando abierta al oeste siguiendo el curso del Barranco de Jieque, que un poco más abajo se une con el de la Tranza para formar el espectacular Barranco del Jurado. La Caldera de Jieque contiene muchas de las manifestaciones geológicas que caracterizan a la de Taburiente; desde su propio proceso de formación, de naturaleza erosiva, pasando por la existencia de múltiples y espectaculares diques que atraviesan sus laderas de un lado al otro. Desde el punto de vista biológico su riqueza es considerable ya que su propia morfología da lugar a la existencia de un microclima único a esta cota de altitud que da cobijo a multitud de especies endémicas y otras formaciones espectaculares como los bosquecillos de gacias o tagasastes blancos. El interior de la Caldera de Jieque es pródigo en fuentes y rezumaderos naturales, como la Fuente de los Dornajitos. Existe también en su interior una galería abierta a finales del siglo XIX por los esforzados habitantes de las secas tierras de Tijarafe en busca del preciado elemento. Actualmente esta galería se halla abandonada y sólo ha seguido siendo utilizada por algunos pastores para dar de beber a sus rebaños en su tránsito hacia los pastos de cumbre o incluso hacia los propios pastos de Jieque, muy apreciados por los cabreros Tijaraferos. No resulta complicado acceder a su interior, acompañados eso sí por una linterna, para recoger un poco de su agua cristalina y fría. Como ya se ha indicado la Caldera de Jieque ha sido tradicionalmente un lugar privilegiado de pastoreo para las cabras dada la gran riqueza de sus pastos, muy apreciados por los cabreros de la zona, y cañada de paso para acceder a los pastos de la cumbre en verano.
Para acceder a la Caldera de Jieque lo más sencillo es subir a la pista forestal y dejar los vehículos en el fondo del Barranco de Jieque. El resto del camino hay que hacerlo a pie, ascendiendo por el camino que transita unas veces por el fondo del Barranco y otras por alguna de sus márgenes. El sendero, en términos generales es bueno y está bien seña- lizado. Solamente hay que prestar atención a los tramos que recorren el fondo del barranco, ya que pueden haber sido modificados por la acción del agua durante el invierno, al igual que ocurre en la Caldera de Taburiente. Otra ruta muy recomendable (eso sí, para caminantes avan- zados en los fuertes ascensos típicos de la isla) es subir hasta la misma zona de cumbre saliendo desde el Pueblo de Tijarafe y atravesando Jieque, para luego descender hasta el Time por el camino que bordea los precipicios de la Caldera de Taburiente.

 

Iglesia

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Iglesia de Nuestra Señora de Candelaria

En torno a 1530 se erige una pequeña ermita o capilla, donde se daba culto a la imagen de Ntra. Sra. de Candelaria, en el mismo solar en al que hoy se encuentra la Iglesia de Ntra. Sra. de Candelaria. A partir de este momento la vida de Tijarafe se va a vertebrar en torno a su templo. Los Libros de Cuenta de Fábrica de la Iglesia comienzan a redactarse en 1567, el mismo año en que la ermita asciende de cate- goría al ser nombrada Iglesia Bautismal. En 157l comienzan las distin- tas remodelaciones que darán lugar al templo que hoy conocemos y que no acabarán hasta bien entrado el siglo XVIII. Durante la visita del Obispo de la Diócesis en 1572 se manda a hacer un archivo ya que por ese entonces éste no existía. Esto explica, en parte, las lagunas informativas de esta iglesia en los momentos iniciales de su fundación. Finalmente, en 1588 fue erigido canónicamente este templo primitivo en parroquia, que alcanzaría el rango de Beneficio en 1617. La última gran remodelación que sufre la Iglesia de Ntra. Sra. de Candelaria se llevará a cabo ya en pleno siglo XX, cuando es restaurada por Pilar Leal y Julio Moisés F. García en 1973, siendo párroco Antonio Hernández.

El 30 de abril de 1996 este edificio fue declarado Bien de Interés Cultural mediante el Decreto 77/1996 del Gobierno de Canarias. Se halla enclavado en la única agrupación de carácter urbano del municipio, con entidad de núcleo rural consolidado. En torno a la Iglesia se desarrolla el casco antiguo, definido por unas pocas calles que, siguiendo las curvas de nivel, se adaptan a la difícil orografía del lugar. La Iglesia de Ntra. Sra. de Candelaria integra en su estructura varios elementos arquitectónicos y artísticos e indudable valor. Así, en su interior, el retablo mayor, fechado en la primera mitad del siglo XVII, resulta un conjunto artístico único dentro del barroco canario, obra del Maestro Antonio de Orbarán, y que destaca por sus dimensiones y cualidades esté- ticas y artísticas. En su exterior no es posible pasar por alto la espadaña, una obra del último cuarto del siglo XVII, realizada por el maestro cantero Domingo Álvarez y que se ha convertido en uno de los emblemas más significativos el municipio.

Espadaña

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Espadaña

Ante el mandato del visitador del obispo en 1678 de adquirir una campana nueva, ya que la anterior tenía poco sonido, se decide construir un nuevo campanario que sustituya al anterior de madera que ya amenazaba ruina. Esta obra sería sufragada con la venta de 123 fanegas de trigo procedentes de los tributos públicos depositados de los pósitos de Aguatavar y La Punta, con el permiso de las autoridades insulares. El maestro cantero encargado de erigir el nuevo campanario fue Domingo Álvarez, que empleó para su construcción piedra de cal traída desde el puerto de Candelaria y sillares de piedra de la cumbre. Él, junto con sus oficiales, levantan la espadaña en la cabecera de la Iglesia, que finalmente se remata con una veleta. La obra se completará cuatro años más tarde con la construcción de un corredor y la escalera de acceso al campanario. Este elemento arquitectónico se ha conservado a lo largo de los siglos con muy pocas modificaciones, salvo quizás algún encalado.

Con el correr de los años su figura altiva y estilizada ha ido cobrando identidad propia dentro de los símbolos identificativos del municipio de Tijarafe. El acompasado tañer de sus campanas ha marcado durante mucho tiempo el ritmo vital de los tijaraferos, llamándolos a misa, despidiéndolos de camino al campo santo, alertándolos del fuego en sus cumbres, celebrando la pascua de resurrección, etc. Ha sido precisamente ese carácter perenne en el día a día del tijarafero lo que llevó al desaparecido José Luis Lorenzo Barreto a incluir la espa- daña de la Iglesia de Nuestra Señora de Candelaria como parte del escudo del municipio.

Retablo

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Retablo

Este retablo mayor de Tijarafe, junto al de San Marcos de Icod de los Vinos, el mayor de los Remedios en Buenavista del Norte y el del Carmen en Santa Ana de Garachico son de los pocos ejemplares conservados que en todo el Archipiélago muestran una disposición arquitectónica en cinco calles. Similar debió haber sido también el que Martín de Andujar construyó para Santa Ana de Garachico.

La originalidad del retablo de Tijarafe estriba en la fórmula seguida por Orbarán de situar en los intercolumnios o entre calles todo el muestrario escultórico de un apostolado, con lo que adquiere la apariencia de once calles. Resulta una solución mixta escultórica. Y así pudiera hablarse de tres cuerpos, ya que el Calvario del ático queda desglosado en tres lienzos individualizados: al centro, Cristo en la cruz y la Magdalena a sus pies, a la derecha la Dolorosa, y a la izquierda el Discípulo Amado. El resto de los lienzos representan, de derecha a izquierda, en el primer cuerpo, La Adoración de los Pastores, y la Visitación; en el segundo cuerpo, se encuentra Pentecostés, la Ascensión, la Presentación en el templo o Purificación, la Resurrección de Cristo, y la Asunción de María a los cielos. El estilo de estas pinturas, apreciable aún a pesar del mal estado de conservación, guarda similitud con la escuela flamenca. En cuanto a la Predela, nos ofrece diez pequeños lienzos que representan a Santos de medio cuerpo situados bajo las zonas correspondientes a cada una de las divisiones verticales.

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