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De Cataclismo al Diablo (1910-2007)

  El Diablo no fue, en principio, más que uno de tantos ingenios y artilugios fabricados en Tijarafe para amenizar los actos festivos. La costumbre de los machangos floreció, con particular virulencia imaginativa, en el primer tercio del siglo XX, abonada, sin duda, por la fértil imaginación tijarafera. 

  El primer hito contrastado se situa en Cataclismo. En 1909 se instaló en Aguatavar un curioso peninsular que, por su aspecto, fue pronto rebautizado como Barbarroja. Este personaje tenía una especial habilidad para crear machangos que animaran las fiestas y divirtieran a los niños. En 1910 da vida a Cataclismo, un ingenio de tres metros de alto, vestido de negro y con unas manos enormes, pero sin fuego alguno. Su creador lo bailaba desde el interior. Lo acompañaban en su paseo por la plaza gigantes y cabezudos como los que Barbarroja vio, a buen seguro, en la Península si no en su pueblo natal. 

  Aunque Cataclismo desapareció tras cinco años en escena, su importancia puede ser decisiva por haber prendido la mecha de la constucción local de machangos y diversos ingenios mecánicos. A partir de ahora aparecerán algunos como aquel que pegaba una bofetada cuando algún incauto se acercaba a verlo. Durante la República, para un carnaval, se hizo una representación de la guerra entre franceses y alemanes (la primera guerra mundial), para lo que construyeron un avión y un barco enormes que paseaban por la actual calle General Franco mediante sogas y poleas y se disparaban mutuamente.

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  Los tres mayordomos de la fiesta de Cruz (tres de mayo) de 1923, Pedro Brito, Antonio Cruz y el quinceañero Orosio Martín, se reunieron img_diablo2.jpgen  una cueva. Con cañas y sacos endurecidos con sucesivas lechadas de cal hicieron un armazón adornado con papeles de colores, una vistosa corbata, un cigarro, etc. Antes de su puesta en escena lo minaron con voladores sin rabo, conectados con mechas de barrenos y lo pintaron de negro con hollín. Dentro del armazón se situaba la persona encargada de bailarlo entre los espectadores mientras iban quemando las cargas adosadas al cuerpo, el belgo y los cuernos, que durante muchos años no fueron más que dos bengalas. La cabeza, una simple lata de caramelos reconvertida en artefacto pirotécnico, contenía la sorpresa final: un puñado de voladores sin rabo que se abatían y explotaban sobre los pies de los espectadores. 


  Peligroso espectáculo, en efecto, pero exitoso, tanto que ha llegado hasta la actualidad, venciendo algunas breves desapariciones. 


  El primer Diablo salió tres años y desapareció brevemente hasta los inicios de la II República, época en la que comenzó a comparecer la noche del siete de septiembre, víspera de las fiestas patronales de septiembre. En ese paréntesis de unos cinco o seis años, apareció Sinforiano (1930-1935), hecho con un bidón de cemento dentro del cual se situaba la persona encargada de accionar un ingenioso sistema de poleas. Con ello, Sinforiano se llevaba las manos a la boca, donde una bengala encendida hacía las veces de puro. Los dedos de las manos no eran sino voladores que iban explotando al contacto con la bengala. Finalmente explotaba la cabeza, llevándose consigo medio machango.  Desde entonces sólo unos pocos hechos infaustos han sido capaces de cancelar la fiesta o moverla de fecha. 

  Hasta 1978 de la preparación y baile de los gigantes, cabezudos y El Diablo se encargaban los vecinos del municipio organizados 

en una comisión de fiestas. A propósito de gigantes y cabezudos, se hacían ex profeso cada año con cañas, telas, etc. Los cabezudos eran simples globos informes con ojos, boca y (algunos) sombrero. Había años en que, por falta de tiempo o ganas, no se hacían los dos gigantes y salía la giganta sola como compañera del Diablo. 

img_diablo3.jpg  En 1978 el Ayuntamiento de Tijarafe asume la dirección del evento. Se hace una carcasa de metal, que pesaba en vacío 40 Kg, y se encarga a una pirotecnia de Santa Cruz de La Palma la colocación de las cargas explosivas. El tránsito del volador sin rabo, la pólvora mezclada con limaduras de hierro y la mecha de barreno al fuego pirotécnico concedió mayor espectacularidad y relativa seguridad al festejo. No se puede negar que siempre existe notable peligro pero hasta el día de hoy incluso los accidentes de mayor gravedad se han resuelto satisfactoriamente. 

 Desde el año 1994 los hermanos Toste de Los Realejos se han venido encargando de la pirotecnia y el espectáculo ha ganado, sin duda, en vistosidad y seguridad gracias a su buen hacer y enorme experiencia en el campo de los fuegos de artificio. Con ello, y con la cada vez mayor cobertura mediática, el Diablo se está convirtiendo en un fenómeno masivo que, mientras por una parte debe adaptarse a esta afluencia de público, por la otra se niega a perder su espíritu original de irónica travesura. En este pulso está el presente y el futuro de la fiesta. 


  La preservación de los elementos inmateriales de nuestra cultura, como eventos festivos o códigos de comunicación, está contemplada en la Ley 4/1999 de 15 de marzo, de Patrimonio Histórico de Canarias. Para evitar que estos elementos pierdan su esencia por contaminarse con elementos extraños, se crea la figura Bien de Interés Cultural que protege y realza las manifestaciones de la cultura popular arraigadas o en peligro de extinción. El Gobierno de Canarias, por decreto 101/2007, de 15 de mayo, ha declarado la Danza del Diablo Bien de Interés Cultural.


  La declaración como Bien de Interés Cultural supone no sólo el reconocimiento a lo que significa el Diablo dentro del acervo cultural y festivo de Canarias, sino que también invita a su conservación, difusión y disfrute garantizando la pureza de sus elementos constituyentes. Para colaborar con todo ello, este año se ha estrenado un logotipo identificativo que refleja el carácter festivo del Diablo.


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Danza del Diablo
Bien de Interés Cultural (BIC), decreto 101/2007, de 15 de mayo de 2007 del Gobierno de Canarias
 
 
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